
Este año el Alcázar ha servido como escenario de la Bienal en tres únicas ocasiones. Un marco que acumula mucha épica flamenca, muchas noches de arte en muchas Bienales, desde los comienzos del magno festival sevillano. Pues estas tres noches se cerraron ayer con una propuesta colectiva de artistas jerezanos, que tanto gustan en nuestra ciudad. Tres artistas de dos generaciones que representas tres estéticas muy distintas. Los tres, además, pertenecen a importantes familias cantaoras de Jerez.
Se abrió el concierto con los tres intérpretes haciendo uno de los cantes característicos de Jerez, la bulería por soleá. Luego el gran, en todos los sentidos, Antonio de la Malena se adueñó del escenario. Con la guitarra de su hijo Antonio, que lo conoce a la perfección. Este cantaor tiene las muletillas y las virtudes de los que habitualmente dedican su oficio a acompañar el baile. Es decir, un enorme sentido del compás, que marca continuamente. Y un fraseo entrecortado. Magnífico por alegrías, destacando en los cantes del Pinini, que hace a su manera personal, demostrando que tiene presentes a sus ascendientes lebrijanos. Sigue poseyendo una voz rotunda, plena de colores, que lo convirtió en un nombre a tener en cuenta en el cante jerezano desde niño. Así, aparece como niño prodigio, con nueve años, en la mítica serie de televisión Rito y geografía del cante cantando unas seguiriyas descomunales con la guitarra de otro joven prodigio, Moraíto Chico. Aunque, como digo, se prodiga poco en el cante “alante”. Por eso fue aún más grato gozar de su arte como solista. La actuación de Dolores Agujetas estuvo preludiada por un solo por seguiriyas de Manuel Valencia, a la sazón director de la función. Un toque enérgico, tenso, en la línea de los grandes intérpretes de su tierra. Dolores Agujetas es una intérprete con personalidad dentro de una casa cantaora con unas señas de identidad muy acusadas. Afrontó con valentía y fiereza la seguiriya y concluyó su recital con unos fandangos que costó cerrar. La familia Agujetas posee una capacidad expresiva inmensa, a la que Dolores suma de su propia cosecha un gran dramatismo e intensidad personal.
Luis el Zambo inició su recital por malagueñas acudiendo luego, por segunda vez en la noche, a uno de sus estilos fetiche, la bulería por soleá. Su voz se ha hecho más fina, más mate y, si bien ha perdido parte del colorido que tuvo, acumula más solera si cabe. Luis el Zambo nació en la calle de La sangre (Taxdirt) del barrio de Santiago hace 77 años. Su familia, aunque de tradición flamenca, y él mismo, se dedicaba a la venta de pescado hasta que en 1998, a causa del éxito de su intervención en el disco colectivo Juncales de Jerez-Cayos reales, decide dedicarse profesionalmente al cante. Su gran virtud cantaora ha sido siempre en compás. El fin de fiesta fue una bulería protagonizada por los tres cantaores que se acompañó del baile de las “tatas” de Jerez que se dieron cada una de las cuatro una vueltecita por bulerías: entrar, marcar y llamar, marcar y llamar, y salir. Sin aspavientos.
‘Xerezanías’. Luis el Zambo, Dolores Agujetas, Antonio de la Malena, Manuel Valencia, Las Tatas de Jerez. Cante: Luis el Zambo, Dolores Agujetas, Antonio de la Malena. Guitarra: Manuel Valencia, Antonio de la Malena hijo. Palmas y coros: Javier Peña, Juan Diego Valencia. Colaboración especial: Las Tatas de Jerez. Dirección: Manuel Valencia. Coros: Tamara Malena y Juana del Mono. Lugar: Patio de la Montería de los Reales Alcázares. Fecha: Miércoles, 16 de septiembre. Aforo: Lleno.