Como en casi todo, fue Sabicas el pionero, pero es Manolo Sanlúcar el primero que escribe directamente para orquesta, de cuerda y sinfónica. Luego vinieron todos: Vicente Amigo, José Antonio Rodríguez … hasta el propio Tomatito hizo su Sonanta suite. Y, recientemente, Juan Carlos Gómez o Santiago Lara. El propio Paco de Lucía flirteo con el mundo clásico académico con el Concierto de Aranjuez que encantó a los flamencos y no gustó a los académicos. En general todas estas propuestas se alejan de la música sinfónica actual para centrarse en el universo del nacionalismo de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Es decir, Falla, Granados, Turina, Rodrigo … todos ellos bien conocidos por Cañizares que ha realizado versiones para guitarra flamenca de gran parte de las producciones de estos autores, en un ingente trabajo de transcripción sin parangón. La cosa es que el arte de la orquestación requiere unos conocimientos muy sólidos y es por ello que muchos de los guitarristas enumerados han tenido que recurrir a la ayuda de orquestadores profesionales. Y, algunos, cuando han hecho el trabajo por su cuenta y riesgo, lo que es de alabar ya que ninguno de ellos ha tenido originalmente una formación en este sentido, pues han incurrido en no pocos lugares comunes.
En el caso que nos ocupa podemos decir que el maestro Cañizares escribe directamente para orquesta, sin necesidad de un mediador. Y que, como decimos, posee una enorme familiaridad con la música académica española de principios del siglo XX, que le fascina. El concierto presentó dos obras sinfónicas originales del maestro Cañizares, con él mismo interpretando la parte solista. La primera de ellas, que fue la segunda en interpretarse, como decía, el Concierto Al-Ándalus para guitarra y orquesta, es un homenaje a Paco de Lucía y a sus vivencias con el de Algeciras, en cuyo grupo militó.