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Una técnica depurada

Como hicieron antes otros compañeros de generación cantaora de parecida sensibilidad, Arcángel ha caído en la tentación de la copla. Y no me refiero a cantar una copla en sus recitales, que eso lo hace cualquiera, aunque no un cualquiera. Me refiero a un espectáculo completo dedicado a este género mixto. Primero fueron las Coplas del querer de Miguel Poveda, que ahora están de aniversario. Y luego la Copla de Estrella Morente. Fue Paco de Lucía el que dio la bendición.

La copla es un género mixto, como casi todos, surgido a comienzos del siglo XX en el marco de los teatros de variedades. En ellos cantaban los flamencos y flamencas y las cupletistas y los cupletistas. El cuplé era una canción de origen francés, en principio sicalíptica, aunque luego, presionada también por la censura, viraron hacia un género explícitamente “culto y moral”. Fueron las bailaoras de principios del siglo XX las que crearon el género, al mezclar elementos del cuplé con giros vocales del flamenco. La primera generación de cupletistas es la de Pastora Imperio, Amalia Molina y Antonia Mercé (sí, Mercé, créame a mí, y no a lo que le digan por ahí) a las que sucedieron La Argentinita y un largo etcétera. Pero no es esta copla primera la que homenajea Arcángel en su espectáculo sino, como hemos dicho, a una generación de cantaores de flamenco que vieron que el género de la copla era tan popular, ya en pleno franquismo y sin sombra de sicalipsis, lógicamente, que se apuntaron al carro. Fue un espectáculo mixto en el que se iban alternando estilos jondos y grandes coplas popularizadas por intérpretes flamencos. A veces se pretendía indagar en las afinidades entre las melodías de las coplas y los estilos jondos. Por ejemplo en el Romance de Juan de Osuna caracolero y los tientos. O entre la Chiquita piconera de Pepe Pinto y las alegrías. O afinidades de espíritu como Limón amargo de Juan Valderrama y la seguiriya caracolera, muy rítmica. El limón lleva en el repertorio de Arcángel al menos desde 2016. Algunas veces la copla entraba por estilos jondos, así el Limón amargo por bulerías, muy bien, o el Romance de Juan de Osuna por tangos, regular. La gravedad del tema compuesto por Quintero, León y Quiroga no se avino con los tangos ligeros. Otras coplas que sonaron fueron la zambra de la Paquera de Jerez Soleá de mis pesares, la zambra Mi niña Lola de Pepe Pinto, María de la O y la Señorita de Enrique Montoya en el solo de Los Mellis. Por su parte, Francis Gómez, en su propio solo, se fue para el Ojos verdes. Es decir, abrumadora mayoría de coplas de posguerra, con lo que eso suponía: mujeres fatales, mujeres “de la vida”, mujeres malas, mujeres buenas, padres afables, hombres malos, hombres infelices. Otros estilos jondos que sonaron, además de los mencionados, fueron la bulería por soleá, inspirada, nuevamente, en La Paquera, la soleá y la taranta, muy airosa. Arcángel puso su voz cálida, directa, dúctil, versátil, al servicio de este repertorio. Es un virtuoso del melisma que le permite, siempre sin abusar, llevar al cante allí donde lo desea. Así, parece que canta con una enorme facilidad, con un fraseo tan intrincado como natural, que es fruto de una técnica depurada.

 

‘La copla del cante’. Arcángel. Cante: Arcángel. Guitarra: Francis Gómez. Coros y palmas: Antonio Montes Saavedra y Manuel Montes Saavedra ‘Los Mellis’. Percusión: Lito Manéz. Teclado, flauta y armónica: Francis Roca. Violín: Ángel Bocanegra. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: Jueves, 17 de septiembre. Aforo: Lleno.

Imagen: Archivo de la Bienal de Flamenco/Laura León.

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