
Antonio Reyes se ha encerrado en el Teatro Lope de Vega con seis guitarristas muy diferentes, de personalidades y trayectorias muy distintas. Y ha probado a ver cómo suena su voz con seis acompañamientos diferentes, desde el lirismo de Rafael Riqueni a la contundencia de Nono Reyes, pasando por la poesía de Manolo Franco, la imaginación de Diego del Morao, la frescura de José del Tomate y la naturalidad de Joni Jiménez. Y la verdad es que suena bien. Fue un recital de cante flamenco clásico, en la manera que se entendía el clasicismo jondo en los años 70 del siglo XX. Es decir, escorado hacia lo que entonces se llamaban los “estilos básicos” de la baraja flamenca, y con alguna innovación en los estilos festeros. Antonio Reyes sedujo con su voz dulce, heredera de la tradición gaditana en sus características fundamentales de mesura, naturalidad, equilibrio. También en lo que se refiere al virtuosismo rítmico propio de esta zona cantaora.
En realidad fueron siete, y no seis, las guitarras que desfilaron sobre las tablas del teatro Lope de Vega en el espectáculo de Antonio Reyes, incluyendo la que manejaba el cantaor que se tocó para interpretar la zambra caracolera con la que abrió su recital, con la flauta de Juan Parrilla. El maestro Riqueni hizo virguerías en la granaína de Chacón y la taranta de la Gabriela que cantó el de Chiclana, esta última inspirándose en la versión de Camarón, uno de los momentos más emotivos de la noche. El maestro Manolo Franco le ofreció un toque sutil, de mucha inventiva, en los cantes del Piyayo, que llaman tangos del ídem. Luego vinieron los jóvenes: Nono Reyes hizo un acompañamiento cortado a pico para la impresionante seguiriya. Y el joven Jiménez ofreció un acompañamiento muy imaginativo en la soleá de Triana que llaman de Charamusco, donde Reyes aunó las versiones de Morente y Mairena. José del Tomate le dio la réplica por cantiñas, donde Reyes hizo un recorrido por toda la geografía flamenca de este palo, no solo la bahía gaditana, también Utrera y Córdoba. Luego, estos tres jóvenes hicieron un instrumental juntos por bulerías. El último en desfilar por el escenario fue un tocaor de una generación intermedia a las dos mencionadas hasta ahora. Me refiero a Diego del Morao, que el chiclanero reservó para los cantes festeros. Tangos lolailos, con guiños a Los Chichos y su Amor y ruleta. Y bulerías, con un homenaje a Pansequito del que Reyes interpretó sus éxitos Ay, que mora y No me importa lo que digan.
Las intenciones de este recital estaban claras para todos desde el principio, consiguiendo un buen equilibrio con los resultados finales.
‘Seis cuerdas, seis’. XXIV Bienal de Flamenco. Antonio Reyes. Cante: Antonio Reyes. Guitarra: Manolo Franco, Rafael Riqueni, Diego del Morao, Joni Jiménez, José del Tomate, Nono Reyes. Coros y palmas: Tate Núñez, Manuel Vinaza, Ramón Reyes. Percusión: David el Gasolina. Flauta: Juan Parrilla. Dirección técnica: Félix Vázquez. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: Viernes, 18 de septiembre. Aforo: Lleno.
Imagen: Archivo de la Bienal de Flamenco/Laura León.