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Hablo de la vida

En su nuevo espectáculo, Farruquito ha querido amplificar su mensaje con elementos del musical americano. Hay un momento, el de la llegada a Nueva York con la maleta en la mano, que me recuerda a la secuencia final de Cantando bajo la lluvia, tantas veces imitada. Efectos de sonido, de luces, de puesta en escena que subrayan pasajes, emociones. También canciones sentimentales con estribillo, con el mismo sentido. Y ampliación de la orquesta con teclados, vientos y batería. Pantallas gigantes, quizá con la intención de acabar, con su misma medicina, con esa enfermedad del pantallismo que nos asola. Muchos de estos elementos estaban presentes en propuestas anteriores del bailaor, aunque no en la medida en la que los hemos visto esta noche. Serás Farruquito, el musical no es para las primeras 50 butacas. El bailaor es consciente de que estamos en un teatro de 2000 asientos. Y la obra nace con vocación de girar por espacios de parecido o mayor aforo. Al renunciar a la puesta en escena tradicional renuncia, en buena medida, a los gestos, las caras, los cuerpos de los cantaores, de los músicos. Y a la interacción con ellos. Claro que la hay, pero en otro contexto, de otra manera. También el contar con un cuerpo de baile obedece a la misma intención. Por contraste, el efecto más sobrecogedor de la noche ocurre en la soledad de la seguiriya que Farruquito baila solo, sin música, bajo un cenital. Farruquito nos ha querido contar su soledad, su miedo, su desesperación, su pánico, su abandono de sí. Su noche oscura del alma. Porque el bailaor cuenta en Serás Farruquito su vida. Y toda vida que merezca la pena vivir, todo alma que se precie cuenta con una, o varias, noches oscuras. Pero no se preocupen que el mensaje es luminoso, positivo. El final, lo voy a destripar, es positivo. El final es que hay luz al final del túnel. Y que uno sale de él mejor, más grande, más maduro, más sereno. Más consciente. De que esto es un don maravilloso. Y de que cualquier día se apaga la luz. Farruquito hace de Farruquito como El Moreno, que también hace de Farruquito en los pasajes de infancia y juventud de la obra. El Moreno tiene un baile propio, personal, distinto del de su padre. Distintivo en una familia de grandes y poderosas individualidades. Farruquito también puede hacer un papel. Aunque el papel más difícil es el de uno mismo. Farruquito hace de Farruco cuando baila la soleá. Y los vemos a los dos. Vemos a su abuelo y lo vemos a él. A veces, incluso, parece que le vemos la prominente barriga característica. El cuerpo de baile está utilizado con eficacia y naturalidad. Todos sus miembros son excelentes solistas. La cosa acaba bien, con boda, con crianza, con un nuevo horizonte, con una nueva vida. Ese don maravilloso que se trasmite de generación en generación. Hablo de la vida, naturalmente.

‘Serás Farruquito: El musical’. XXIV Bienal de Flamenco. Farruquito. Baile: Juan Manuel Fernández Montoya ‘Farruquito’, Juan el Moreno. Cuerpo de baile: Cristina Soler, Cristina Aguilera, María Carrasco, Lucía La Bronce, Gloria del Rosario, Marta Cañizares. Cante: Ismael de la Rosa ‘Bola’, Ezequiel Montoya, Mari Vizarraga, Estrella Fernández. Guitarra: Ramón Amador. Percusión: Paco Vega. Batería: Sergio Fargas. Teclado: Robert Chacón. Vientos: Fran Roca. Dirección escénica: José Félix Romero. Dirección artística y musical: Juan Manuel Fernández Montoya ‘Farruquito’. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Lunes, 28 de septiembre. Aforo: Lleno.

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