
Ha muerto el último superviviente del grupo Triana, Eduardo Rodríguez Rodway (Sevilla, 1945). El mismo lo contó en A través del aire, el libro de memorias que publicó hace dos años: se inició en la guitarra eléctrica, pero luego se pasó a la flamenca. Fue el guitarrista flamenco del grupo Triana, que tuvo otros guitarristas, eléctricos, que nunca llegaron a ser miembros oficiales del grupo. Fue el guitarrista flamenco de Triana y el autor de algunas de las canciones más curiosas, raras, flamencas e inclasificables de un grupo raro, flamenco e inclasificable. Canciones como la que dio título a sus memorias, A través del aire, su mayor éxito, incluida en el cuarto álbum del grupo, Un encuentro (1980). Él empezó con la eléctrica, y luego se pasó a la española: en concreto la eléctrica era una Jomadi del cantante de los Flexor’s que, como él no sabía tocarla, dejaba a regañadientes a Eduardo. «Mi entrada en la música fue por ese canal, el del rock», afirma en el libro mencionado. El horizonte era el rock. Eduardo Rodríguez Rodway se inició como rockero en los Flexor’s pero luego cogió la guitarra flamenca y se metió a rumbero para formar, junto a Pive y Josele, Los Payos. Pero lo más trascendental de su trayectoria musical fue el encuentro con el batería Juan José Palacios y con el cantante y teclista Jesús de la Rosa, con los que forma Triana en 1974. Ambos, Eduardo y Jesús, habían coincidido en el efímero grupo Tabaca. Hablamos, por tanto, de rock, de mucho rock. Y de rumba, también. Por separado. Aún no existía el rock andaluz, mucho menos el rock flamenco. El rock flamenco lo inventó Joe Beck, junto a Sabicas, en el disco Rock encounter de 1970, que luego fue imitado por los iniciadores del flamenco rock, Smash en su segunda época, cuando incorporan a Manuel Molina a la formación. Si quieren saber hasta qué punto llega la imitación comparen El garrotín (1971) de Smash con el tema Flamenco rock de Joe Beck y Sabicas. Hasta el nombre se cogió de ahí. Pues resulta que Juan José Palacios tocó en El garrotín de Smash, según afirmó el batería en una entrevista.
El primer disco de Triana, conocido hoy en día como El patio (1975), incluye una composición de Manuel Molina, Todo es de color y también Recuerdos de una noche, unas bulerías. Rock con raíces, rock flamenco. En Hijos del agobio (1977), el segundo disco de Triana, aún perdura el flamenquismo en las voces pero los ritmos jondos aparecen más difusos. La voz seguirá siendo flamenca, siempre, como la guitarra de Eduardo Rodríguez, y el referente jondo queda aún más lejos en sus entregas posteriores.
Por supuesto que es música de raíz, y está emparentada también con la copla o la semana santa. Quizá es por eso que en la gira del tercer disco, Sombra y luz (1979) incluyeron como telonero a un joven cantaor gitano de Sevilla, José el de la Tomasa. Triana, en el fondo, va al compás del pop del momento y en los ochenta lo del rock sinfónico, por no hablar del psicodélico o del progresivo, etc., está pasado de moda. De ahí Un encuentro (1980) en que los temas reducen tanto la duración como los pasajes instrumentales para centrarse más, aún, en la voz aflamencada de su líder, Jesús de la Rosa. Y, de nuevo, como en Señor Troncoso de Hijos del agobio (1977) una canción acompañada principalmente por la guitarra flamenca, en este caso la titulada Un nido en mi ventana. Pero, ciertamente, hay más pop del momento y lo flamenco, incluyendo la presencia de la guitarra jonda de Rodríguez Rodway, se reduce a su mínima expresión.
Su quinto disco, Triana (1981) es unánimemente considerado como el más flojo del trío. El único respiro jondo del disco es Qué voy a hacer con tu sonrisa que Eduardo Rodríguez Rodway canta, con la voz rota, para su hijo acompañándose de la guitarra jonda.