La palabra “colaboración” estaba solo medianamente usada con propiedad ya que, además de su solo, Oyarzábal tocó en un par de temas más con el cantaor, en realidad como mero soporte armónico. Así, en la impresionante saeta por seguiriyas con la que comenzó la función. Con el cantaor entre el público. Qué delicia de timbre vocal. Un lámina muy fina y dorada, plena de colorido, de armónicos sentimentales. Qué delicia la sencillez con la que se expresa. A la saeta sucedió una malagueña deliciosa y a ésta la mariana. Todo con letras de temática religiosa, evangélica. Muchos torcieron el gesto cuando entendieron que todo el recital iba a ir por esta cuerda. Lo que demuestra que somos bastante menos tolerantes de lo que nos creemos. Lo que demuestra que el cantaor fue valiente a la hora de confeccionar este repertorio. También la soleá y la granaína, estilo, este último, cada vez más ausente del repertorio tradicional. También se acordó de Morente y su versión del salmo bíblico, en interpretación de San Juan de la Cruz, Encima de las corrientes. Pedro el Granaíno tiene otra sensibilidad y otro instrumento y su versión rezuma, no obstante, amor por el original. Si es cierto que la Bienal tiene que tener a los mismos intérpretes uno y otro año, está bien que, al menos, cambien de repertorio, de espacio escénico. De intenciones. De hecho, Pedro el Granaíno terminó su magnífico espectáculo con su “vidalita lastimera” que ya había cantado en la última Bienal, ya fuera de la temática religiosa. Patricinio hijo brindó un acompañamiento sutil, muy sensible a los matices del cante. Un recital en el que las intenciones y los deseos estuvieron a la altura de lo musical.
‘Pan de oro’ XXV Bienal de Flamenco de Sevilla. Pedro el Granaíno con la colaboración de Daniel Oyarzábal. Cante: Pedro el Granaíno. Guitarra: Patrocinio hijo. Órgano: Daniel Oyarzábal. Viola: Rosa Escobar. Lugar: Iglesia de San Luis de los Franceses. Fecha: Sábado, 12 de septiembre. Aforo: Lleno.