¡Conozca la 'Historia del Flamenco'!

Prensa

Para todos los públicos

 

Es un espectáculo para todos los públicos. Y eso se agradece. No hace falta pensar. No es necesario el programa de mano para entenderlo. Al fin y al cabo, en la variedad está el gusto.

No hay ni que entenderlo. Solo es necesario … algo tan difícil para los inteligentes como dejarse llevar. Dejarse llevar por el gusto del baile. No hay pretextos intelectuales, ni sociales, ni políticos. Ni siquiera étnicas. La fuente de inspiración es tan difusa como esto:Andalucía. Eso es lo infinito a lo que alude el título, Andalucía infinita.

Se abre con fandangos de Huelva, ¿cómo no? para seguir con el taranto de Almería, el primer solo de la titular de la compañía, que tuvo en los tangos de cierre su primer momento disfrutón. Luego la serrana en Córdoba con zahones de cuero, un número delicioso.

Como las aceituneras de Jaén y sus tonás del campo en la voz enjundiosa grabada para la ocasión de José Mercé.

En Granada, granaínas, con solo a cargo de Keko Baldomero.

En Málaga malagueñas, otro solo, y verdiales que, pese a estar disecados, no pierden frescura: el violín es a la vez básico y estratosférico.

En Sevilla, sevillanas a solo, en pareja, en grupo… Y en Cádiz, por alegrías, donde Sara Baras se dejó llevar y sedujo a un público que, como digo, estaba entregado desde el primer momento. La noticia:una flamenca que sonríe. ¡Con lo difícil que es eso!

Ya saben que Sara Baras es Sara Baras. Da igual que sea Juana la Loca, Mariana Pineda o La Pepa. Ella es su personaje y en Infinita encontramos los clásicos barasianos: zapateados frenéticos, carretillas, volantes, faldas de amplio vuelo, flecos, etc. Coreografías muy simples y directas. A su manera y siempre con el foco puesto en su interpretación personal que, aunque nos retrotrae a otra estética y a otra época del flamenco, sigue encantando a una legión de seguidores, entre los que me encuentro. Y de eso se trata.

De eso trata Infinita, de Sara Baras. El grupo sonó fresco y rotundo y Keko Baldomero ofreció además un toque solista delicioso.

Sara Baras sigue fiel a su mensaje, a sí misma, en una fórmula que llega a un público mayoritario y que no engaña a nadie porque todo el mundo que ha ido esta noche a ver Infinita ha ido a ver a Sara Baras. La bailaora sabe lo que quiere dar y el público sabe lo que quiere recibir, y así todos estamos contentos. En una fórmula que le ha permitido ampliar las fronteras de lo jondo más allá de los clásicos aficionados a la danza estrictamente flamenca.

Esa es otra, una más, de las virtudes de Sara Baras. Esta noche, y hasta el domingo, otra nueva oportunidad de disfrutar del baile de la cañaílla. Eso, sí, con las entradas agotadas para los tres días.

Imagen: Archivo de la Bienal de Flamenco/Laura León.

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