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Dorantes esencial

Al pianista lebrijano David Peña Dorantes le ha cabido el honor de protagonizar artísticamente la reapertura, después de dos años cerrado por obras, del teatro más emblemático de la ciudad de Sevilla. Y lo hace con un estreno, con una composición propia titulada Fractal arcano, una suerte de suite en siete movimientos. No estoy seguro de que el proceso de intelectualización, si me permiten en realidad de pseudointelectualización, que está sufriendo el flamenco desde hace algunos años, sea del todo beneficioso para este arte. Y no me refiero solo a esta noche. Para entender algunos de los títulos de los espectáculos que vendrán vamos a tener que recurrir al diccionario. Digo esto porque mi compañera de butaca me preguntó si yo entendía algo del idioma gitano, para que le tradujera el título del espectáculo. Aunque los siete temas que interpretó Dorantes tienen títulos monosilábicos y misteriosos, en realidad, se trata de siete piezas que se pueden adscribir a otros tantos estilos del flamenco clásico: soleares, tanguillos, farruca, garrotín, rondeña, bulerías y seguiriya. No todo el material es estrictamente nuevo, he escuchado algún adelanto en el pasado. Pero si en una gran medida. Siete temas nuevos de Dorantes es una excelente noticia. Pero es que, además, creo que es su obra más interesante. Renuncia por completo al grupo. Y no es que esté a favor del paro para los músicos de acompañamiento del flamenco. Pero a su música le siente bien, a mi entender, la austeridad, el intimismo. Eso sí, con seis tremendos músicos que hacen percusión corporal. No solo palmas, también golpes en el pecho, en las piernas. Zapateados. Y que utilizan el piano como un instrumento de percusión más. Que jalean. Que se movieron en escena con inteligencia. Arropando al intérprete. El inicio es una soleá quintaesenciada, intensa, hipnótica. Los tanguillos amplian las armonías y evidencian que el pianista es un virtuoso del ritmo. Por este sentido del compás podemos relacionarlo fácilmente con el jazz de inspiración caribeña, aunque no sé si es ahí de dónde ha bebido el autor. El trabajo de los seis hombres de acompañamiento empieza a ser fenomenal. Imprescindible. Este ritmo nos retrotrae a los canarios barrocos que luego se extendieron por toda Europa y, como hemos dicho, por el Caribe. En la farruca se percibe la melodía tradicional del estilo jondo, que antes de eso fue popular, resultando en el tema más sentimental del concierto. El tango en modo mayor, garrotín a mi entender, es el tema más lúdico de la noche, divertido, en el que los palmeros, una vez más, interactúan con el pianista, ¡y de qué forma! La rondeña, a piano solo, es un despliegue impresionante de recursos técnicos, el mayor de la noche. Una bulería marca el giro hacia el final del recital. De nuevo me evoca al llamado jazz latino. Y el final: de nuevo la concentración, la intimidad. Tremendo seguiriyazo, con apelaciones a la melodía tradicional del cante y también, como en la soleá del inicio, al toque clásico por ese palo. Lo que me pasa con la música de Dorantes es que me parece que en ocasiones tiende hacia el exceso de melaza. Por eso le sientan bien las disonancias, el ritmo, el Caribe. No me gustan tanto los efectos, sin embargo, como la sordina de evocaciones asiáticas. Pero lo que menos me ha gustado es que los nombres de estos siete músicos de percusión corporal que han actuado esta noche junto a Dorantes no aparezcan en los programas de mano. ¡Ay, los programas de mano!

‘Fractal arcano’. XXIV Bienal de Flamenco. Dorantes. Piano: Dorantes. Con acompañamiento de palmas y percusión corporal. Lugar: Teatro Lope de Vega, Sevilla. Fecha: Sábado, 12 de septiembre. Aforo: Lleno.

Imagen: Archivo de la Bienal de Flamenco/Laura León.

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