
Música y sociedad: no fue un concierto sino una ceremonia. Una liturgia. Un réquiem. Políticamente correcto porque, pese a la presencia de la muerte, nadie se sintió violento, ni siquiera inquieto. Es un público, el más retrógrado de esta ciudad, que va a este teatro a mirarse en su espejo, a reconocerse en su autosatisfacción. Nada lo removió en sus asientos, nada lo inquietó, nada lo violentó. Fue una noche más en sus rutinas sociales. Un público que admite el flamenco pero solo en pequeñas dosis y con un envoltorio de celofán. Bueno, también hubo personas que estaban conmovidas, disculpen la hipérbole. La escena es sombría porque la realidad es sombría. ¿O es la vida la que imita al arte, el arte dominante, la estética del imperio, septentrional, de los que viven sin luz? La guitarra entre Syd Barret y Atahualpa Yupanqui, you punki. La voz, entre la fiereza y la calma, la nueva voz entre infantil y anciana, entre irónica y naif. Las palabras tremendas de Juarroz y la contundencia de un fandango, una seguiriya, una toná, una seguidilla de Alosno. La historia habla de Dylan en Newport pero el Dylan más revolucionario fue el de John Wesley Harding y Nashville Skyline, es decir, justo el posterior a su caída del caballo, es decir, de la moto. En el último álbum señalado aparece una voz natural, lejos del deje nasal habitual en él, que jamás volvería a usar el cantante de Minnesota. Además de una nueva voz, entre infantil y anciana, entre irónica y naif, Márquez presenta en Himno vertical una puesta en escena acorde con los tiempos, con el celofán habitual de la industria de la música de hoy: canta, baila, actúa, recita, interpreta. Hay unas luces y sombras, muchas sombras, hay estilismos en ropa y peinado, hay una puesta en escena ingeniosa. Hay una imagen de marca, un logotipo. Un concierto también es un evento social. Lo revolucionario, lo inquietante, lo violento sería, quizá, que se sentara en mitad del escenario con un guitarra de palo y cantara melodías y palabras de hace 100 años. Sin luces, sin ingenio, sin electricidad. Dylan lo hizo. Pero ¿a quién le interesa la revolución si estamos tocando el cielo?
‘Himno vertical’. Cante: Rocío Márquez. Guitarra: Pedro Rojas Ogáyar. Lugar: Teatro Central, Sevilla. Fecha: viernes, 30 de mayo. Aforo: Lleno.