
La música de Diego del Morao es tan elocuente por sí misma que no necesita justificaciones étnicas o geográficas. Sería igual de magnífica si su autor fuera de Honolulu. No es habitual que en una familia nazca un genio. Pero ¡tres! La música de Diego del Morao es hija de su tiempo pero sigue siendo actual. El mismo confesó que llevaba 26 años sin interpretar la rondeña que abrió la noche. 2010, año de publicación de su primer y, hasta la fecha, único disco. Es hija de su tiempo, un tiempo en que la guitarra sugiere, más que afirmar. Es, por tanto, una música más difícil que las de su padre y su tío-abuelo Manuel Morao, porque estas también fueron hijas de su tiempo. La música de Diego del Morao es tan relajada como una noche estrellada de verano. Por eso detiene el tiempo y nos sentimos de repente jóvenes y entendemos porque elegimos esta extraña profesión, la de testigo escuchón. La taranta es estática, metálica, singular. Y luego viene el ritmo: una bulería, otra. Y otra final con falsetas del padre de la criatura, Moraíto Chico, en donde se contrastan las dos estéticas familiares. Complementarias, más que contrapuestas. También seguiriya y soleá. Y tangos. Es uno de los grandes guitarristas de hoy. Lástima que no se prodigue más en solitario. Lástima que solo dispongamos de un disco de él.