¡Conozca la 'Historia del Flamenco'!

Prensa

30 años no son nada

La cosa va de homenajes con la música de Arturo Pavón en forma de caña orquestal que deriva en polo. Luego el recogimiento de la petenera con una falseta deliciosa a cargo de Jesús Rodríquez. Este joven guitarrista es una de los músicos más delicados y sutiles del panorama flamenco actual. Su guitarra está al margen de toda la sonanta jonda de hoy, porque huye instintivamente de la estridencia, del exceso. En un entorno rodeado de aristas, ¡cómo se agradece el gusto por la sutileza, el círculo, lo delicado, lo íntimo, la rueda de la zambra! La vidalita fue lo único que rompió este círculo, ya que se trata de un estilo naturalmente, por su origen, delicado, íntimo, y aquí se ejecutó de manera un tanto desaforada. En las deliciosas malagueñas hacen acto de presencia las castañuelas.

El segundo bloque, granadino, se abrió con un homenaje a la zambra. Este repertorio delicioso se llevaba a cabo, en la edad dorada de la zambra, con las castañuelas en las manos. La Chata de la Jampona o María la Jardín eran una deliciosas estilistas, nada que ver, o muy poco, con la grosera rotundidad que afectaría al género en los años 70 y que subsiste aún hoy. Además, ¡qué vestuarios deliciosos los de la zambra clásica! Aquí se llevo a cabo una deliciosa estilización de las coreografías de la mosca, la cachucha, los fandangos y los tangos. Siguió la cosa con otro homenaje: el martinete del maestro Mario Maya en los pies y el cuerpo de Patricia Guerrero respaldada por los hombres de la compañía. Qué complicado, a nivel técnico y qué complicado a nivel emocional. Guerrero lo resolvió con elegancia y poderío. Fue Maya el primero que me hablo de esta joven intérprete como de un valor de futuro que se convirtió, al poco, en gozoso presente hasta hoy. Otra fantasía fue el paso a dos de Guerrero con Eduardo Leal. La cosa acabó con otro homenaje, a Enrique Morente. La escena desaforada me recordó cuando asistimos estupefactos al estreno de Omega desde esta misma butaca, u otra igual, hace … ¡30 años! El título de la propuesta o es una broma o está marcado más por la político que por lo artístico. Nada hacía por tanto presagiar una obra tan interesante que, desde la falta de pretensión, se erige en una de las mejores que ha dirigido Guerrero al frente del Ballet Flamenco de Andalucía. Porque las pretensiones, como digo en absoluto desaforadas, están a la altura de los resultados, o viceversa. Coreografías sencillas, que firma toda la compañía, vestuario clásico e intenciones patentes: disfrutar del arte de la danza jonda con la única excusa del baile por el baile. Una propuesta que recuerda la edad de oro de las grandes compañías, de Pilar López a Antonio, que, como aquí, sin grandes presupuestos llevaban a cabo grandes hazañas artísticas. Eso sí, a Manuel de Gines le tocó el micro malo.

‘Patrimonio flamenco’. Ballet Flamenco de Andalucía. Baile: Patricia Guerrero, Eduardo Leal, Adriana Gómez, Alberto López, Alejandro Fernández Pecino, Alicia Gavilán, Álvaro Aguilera, Ángel Fariña, Araceli Muñoz, Arturo Fajardo, Claudia ‘La Debla’, Hugo Aguilar, María Carrasco, Natalia Alcalá, Sofía Suárez. Cante: Amparo Lagares, Manuel de Gines. Guitarra: Jesús Rodríguez, José Luis Medina. Percusión: Chupete. Revisión: Juan Dolores Caballero. Iluminación: Olga García AAIV. Dirección artística: Patricia Guerrero. Lugar: Teatro Central. Fecha: Viernes, 17 de abril. Aforo: Lleno.

Autor de la imagen: Fermín Rodríguez.

Related Posts