
Hoy se cumplen 183 años del nacimiento del más grande narrador en español. Con motivo de esta efeméride analizamos el elemento flamenco en su obra. Benito Pérez Galdós (1843-1920) menciona en una sola ocasión la palabra flamenco en sus Episodios Nacionales. Se trata de uno de los últimos libros, España trágica, segunda de la quinta serie. La alusión es episódica, ya que uno de los personajes comenta que el nombre de Hohenzollern, uno de los candidatos a la monarquía española, una vez huída Isabel II a París, le recuerda al “ole, ole” del “baile flamenco”. La novela se publicó en 1909 en tanto que la acción se sitúa en 1870. Pese a esta única alusión directa, el magno ciclo narrativo-histórico, incluye muchas alusiones a elementos flamencos, incluso antes de que se utilizara este nombre. La primera serie está trufada de alusiones musicales, principalmente de cantes y bailes por seguidillas, que van pespunteando la acción. En El 19 de marzo y el 2 de mayo recoge esta popular copla: “Vale una seguidilla/ de las manchegas,/ por veinticinco pares/ de las boleras”, citada ya por Ramón de la Cruz. En Cádiz nos muestra a algunos personajes de la nobleza cantando y bailando seguidillas, zorongo y zapateado y tocando las castañuelas “con tanta sal y arte tan divino cual las más graciosas majas de Triana”. En Los Apostólicos ( la acción trascurre en 1829), penúltimo libro de la segunda serie, incluye una deliciosa descripción del traje de maja, antecedente inmediato del traje de flamenca.
El proceso de andalucización y de agitanamiento que se da en la cultura española a mitad del siglo XIX, y que daría lugar a la aparición del género flamenco, queda perfectamente definido por Galdós en Los Ayacuchos, ya en la tercera serie, donde atribuye estas veleidades andaluzas a la propia Isabel II.
En Bodas reales, el libro que cierra la serie, se hace eco de la polémica que suscitó la presencia de la bailarina francesa Guy Stéphan en el Teatro del Circo de Madrid. El marqués de Salamanca construyó este magno coliseo para ella. Galdós también cita en sus Episodios Nacionales a Estébanez Calderón, uno de los grandes amigos de la Guy Stéphan, e íntimo de José Salamanca: en concreto en dos episodios de la cuarta serie, Narváez y La revolución de julio. Asimismo en Bodas reales, da cuenta Galdós de que en 1844 la bata de cola aún se usaba como atuendo de solemnidad en España.
De la popularidad de la bailarina sevillana Petra Cámara, una de las primeras a las que podemos llamar con propiedad flamencas, queda constancia en el libro del ciclo que recoge la historia de España de 1851, Los duendes de la camarilla, uno de los mejores de la cuarta serie. En Narváez recoge el eco que tuvo en España la vida de Lola Montes. La presencia de la italiana Sofía Fuoco en España está también atestiguada por Galdós en esta misma obra que dedica al espadón de Loja, que tuvo una fuerte amistad con la bailarina, rival de la Guy Stéphan, amiga, por su parte, de Salamanca.
El estilo de la playera, precedente directo, según algunos, de la seguiriya, viene citado por Galdós en sus Episodios Nacionales en dos ocasiones. La primera en O´Donnell, quinto volumen de la cuarta serie. La acción trascurre en 1859. El personaje que lo canta, acompañándose a la guitarra, es un terrateniente sureño vestido con “empaque andaluz de marsellés y calañés”. El sombrero calañés es una de las señas de identidad de los flamencos de mediados del siglo XIX. La segunda cita a la playera aparece en La de los tristes destinos, el libro que cierra la cuarta serie. La acción trascurre al inicio de la Revolución de septiembre de 1868, es decir, en la misma época que Silverio presentó sus seguidillas del sentimiento. Todas las alusiones jondas de Galdós poseen el mismo rigor cronológico que el resto de elementos históricos de los Episodios Nacionales.