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Drama y solemnidad

 

La cantaora extremeña Esther Merino ofreció un recital de cante clásico, acompañada a la guitarra por el tocaor cordobés Niño Seve. El concierto se inspiró en las cantaoras clásicas del siglo XX como La Repompa o La Paquera de Jerez. Ofreció Merino seis cantes y una propina en forma de fandangos. Inició su recital con milongas de Marchena y Pepa de Oro, adaptadas a su estilo torrencial. Siguió con un cante clásico por soleares y terminó la primera parte de su concierto con tangos extremeños y de La Rempompa. La segunda parte la inició por seguiriyas muy solemnes y siguió por cantiñas, cerrando el concierto por bulerías en donde recordó las melodías que en su momento popularizó La Paquera de Jerez. La propina, sin megafonía, fue por fandangos. Posee Merino, como decimos, un estilo dramático y torrencial, solemne, que se apoya en el poderío de su voz y en la claridad de su dicción, con un gusto evidente por las letras más sentimentales del repertorio. Niño Seve le ofreció un acompañamiento muy rítmico basado en un concepto de toque muy personal que se aleja, en alguna medida, de la tradición. El contraste fue sobre todo patente en las cantiñas en las que su toque apenas insinuado contrastó con la rotundidad de la voz.

Esther Merino ha actuado en numerosos escenarios y ha competido en diferentes concursos, obteniendo reconocimientos como la Lámpara Minera de 2022 y el Melón de Oro. Su proyección internacional incluye colaboraciones como El amor brujo con la Orquesta Sinfónica de Lyon y actuaciones vinculadas al fado en diferentes ciudades europeas. En 2025 presentó su disco Re(e)volución, donde apuesta por un flamenco actual sin perder sus raíces.

Niño Seve, nombre artístico de Severiano Jiménez Flores, se formó en su entorno familiar y con el guitarrista Carlos Pacheco. Ha sido reconocido con premios como el Bordón Minero  de La Unión y el Premio Nacional de Córdoba, y cuenta con una sólida carrera como solista reflejada en su disco Luna de la Judería. Su toque destaca por el sentido del ritmo y la riqueza armónica.

Imagen: Actidea.

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