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Muere El Cabrero, cantaor

José Domínguez Muñoz El Cabrero, valedor, como intérprete y autor, del compromiso político en el flamenco, ha fallecido en la mañana de hoy. A las 7.30 horas ha fallecido en Sevilla el cantaor flamenco José Domínguez Muñoz ‘El Cabrero’. La capilla ardiente quedará instalada en el Teatro Municipal de Aznalcóllar (Sevilla), desde las 15 hasta las 22 horas del día de hoy. Quizá no tenía la voz más colorida, aunque sí poderosa y viril, ni más afinada. Quizá no era el más enciclopédico de los cantaores. Pero eso no importa porque su mensaje era otro. Por supuesto que musical, pero cargado de connotaciones sociológicas y políticas. El cante del Cabrero nos habla de su tiempo, en sus letras pero también de su manera de decir el cante. Lo suyo no solo es musical, también cuenta el carisma del artista. Del artista comprometido. De ahí sus letras: Labrador de tierras altas, Andalucía que mal vives, Tú verdeando aceitunas, Al del campo lo desprecia, Los dos trabajan la tierra, No quiero cadenas, Andaluz de paso lento, Los mineros se quejan, Soy hombre de tierras duras, Los mandamientos son diez … Representa la rabia, la ira del campesino andaluz en la época de la Transición. Una Transición muy dura en Andalucía, donde en gran medida los administradores se olvidaron del ámbito rural. El Cabrero no se olvidó del campo del que procedía y el campo nunca olvidó al Cabrero. Por eso fue una estrella de los festivales andaluces, de los pueblos. En las ciudades … más complicado lo tuvo, en ocasiones. Con esas letras como mazazos en las que los jornaleros se veían identificados. Ese fue su mensaje y ese es su legado. Entonces no se hablaba de la España vaciada porque, curiosamente, aunque olvidado, el campo andaluz estaba muy poblado. Por eso su marcha supone el adiós a una forma comprometida de entender lo jondo que no volverá. Por supuesto que hubo otros artistas comprometidos, Gerena, Menese, Morente, etc., pero pocos alcanzaron tanta relevancia como El Cabrero por esa vía. Y, además, con letras propias. Por esa ira, por esa rabia, se convirtió en una estrella de lo jondo desde su primer disco, de 1975. Rabia que se reflejaba en sus letras y también en su manera de entender la labor artística que ocasiones le llevó a protagonizar agrias polémicas, como su proceso por blasfemia en 1982 o  su larga ausencia de la Bienal de Sevilla, en la que solo cantó en una ocasión, en 1986. Siempre contestatario y siempre carismático.

Nacido como José Domínguez Muñoz en Aznalcóllar (Sevilla) en 1944, se inició artísticamente en 1970 como José de Aznalcóllar en el grupo de teatro flamenco La Cuadra de Sevilla y aparece con este nombre artístico en el capítulo Por seguiriyas de la serie Rito y geografía del cante emitido por Televisión Española el 14 de julio de 1972. En 1980 obtuvo sendos premios por soleares y malagueñas en el Concurso de Córdoba. Además de seguiriyas, cantó tonás, martinetes, soleares, tarantos, livianas, tientos, tangos, cartageneras, malagueñas, serranas, verdiales, rondeñas, bamberas, soleá por bulerías, etc. Pero su estilo estrella, con el que más se identificaba y el mejor vehículo para su mensaje fue el fandango. Singularmente, el fandango onubenese, en sus diferentes variedades: Calañas, Alosno, Huelva, del Gloria, etc. La canción por bulerías es otro de sus fuertes como podemos escuchar en su versión de Luz de luna de Álvaro Carrillo de 1980 o del soneto borgiano La lluvia sucede en el pasado y Amor mío de Alberto Cortez (1983). Su querencia porteña quedó refrendada en disco en Sin remache (1996) donde canta un ramillete de tangos clásicos.

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