FARRUQUITO | CRÍTICA

 

Una pequeña diferencia

Un estreno de uno de los grandes bailaores de nuestro tiempo, tocado por el genio dentro de una familia de grandes y personales bailaores. La novedad principal de la propuesta, al menos sobre el papel, era la dirección escénica de Ángel Rojas. No obstante, Desde mi ventana se parece mucho a los otros espectáculos de Farruquito hasta el punto de que el título del que se estrenó ayer sería intercambiable con el de la mayoría de aquellos. Lo que aporta Rojas es un pequeño matiz. Pero los pequeños matices, en estos niveles de excelencia artística, son precisamente los que marcan la diferencia. Rojas ha creado un espacio escénico íntimo que nos permite casi tocar al bailaor y contemplar su interior. A la derecha, ocupando la mayor parte del escenario, arropado por su gente, sus músicos, tenemos la dimensión más social del bailaor, su baile excelente, ayer más pulido que nunca. A la izquierda, apoyada en proyecciones sobre una pantalla vertical, accedemos a la psique del intérprete. Sin meterse en jardines, desde luego. Es una idea simple y muy efectiva. En realidad, es poner de manifiesto lo que todos sabemos, lo que está presente en todas las obras de este creador. El peso de los antecesores, el pasado, la responsabilidad de la herencia, el arte jondo como un asunto familiar, el futuro. Por eso este espectáculo es tan íntimo, porque, siendo exactamente igual de social y de trasparente que todas las obras que hemos visto antes de Farruquito, en donde no hay, ni puede haberlas, fronteras entre lo personal y lo artístico, lo familiar y la danza, esta es, acaso, una obra más pudorosa. Igual de trasparente, incluso un poco más, pero pudorosa. Por eso Farruquito no ha buscado colaboradores de relumbrón que no fueran los propios miembros de su familia directa. Su madre, La Farruca, en la tensa seguiriya, donde el bailaor se recoge sobre sí mismo, se quintaesencia, para disparar toda su rabia, todo su dolor.

Y las alegrías, con su hijo, El Moreno, que, de esta manera debuta oficialmente sobre las tablas. Aunque El Moreno había intervenido ya en algunos espectáculos de Farruquito, en esta ocasión aparece con nombre propio en el programa de mano y con una coreografía francamente elaborada, para un intérprete de esa edad. El Moreno ha debutado a la misma edad a la que lo hizo su padre, cuando era conocido como El Mani, de la mano del gran Farruco, el iniciador de la saga y de esta manera tan personal de entender el arte jondo que Farruquito ha depurado, perfeccionado y llevado a otros niveles artísticos en los que no resulta sorprendente escuchar un preludio de Bach por farrucas o Asturias de Albéniz por seguiriya. El palo elegido para el paso a dos con El Moreno no podría ser otro que las alegrías. Disfrutaron padre e hijo de la intimidad de la escena, de la complicidad familiar y del estudio que, como decimos, es una prolongación de la casa paterna. También algunos movimientos escénicos tienen la marca de Rojas, sin dejar de lado, sino todo lo contrario, potenciándolos si esto fuera posible, los habituales mano a mano de Farruco con, por ejemplo, María Vizárraga, que estuvo portentosa, entregada, rota, en la bulería final, un caramelo, donde le dio la réplica al bailaor, también con mucho arte, con un par de llamadas. Como decía, se trata de la coreografía más estilizada del bailaor, como pudimos ver en la pulida farruca o en los deliciosos fandangos. Farruquito se encuentra en plenitud de facultades y ha querido dar un pequeño paso hacia adelante, profundizando en su estética personal, pero sin dar saltos en el vacío, porque se trata de uno de los flamencos más inteligentes del panorama actual. Frecuentemente se subrayan, con razón, otros aspectos, pero la inteligencia es un de sus mayores virtudes artísticas.

 

La ficha

‘Desde mi ventana’. XXI Bienal de Flamenco. Baile: Juan Manuel Fernández Montoya ‘Farruquito’, La Farruca, El Moreno. Cante: María Vizárraga, Pepe de Pura, Ezequiel Montoya, Ismael de la Rosa. Guitarra: Yerai Cortés. Percusión: Manuel Lozano. Piano: Alex Romero. Violín: Thomas Potiron. Dirección: Ángel Rojas. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: miércoles 9 de septiembre. Aforo: lleno.

 

Imagen: Bienal de Flamenco/Claudia Ruiz Caro.