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La saeta por seguiriyas

Hoy llevamos a cabo un recorrido por el desarrollo de este estilo, de la saeta litúrgica misionera a la saeta flamenca, pasando por los cantos populares de los pueblos de Sevilla:

La saeta popular era, y es, una melodía simple acorde con el sentimiento que expresaba. Es el pueblo de Marchena el que más querencia le tiene a esta saeta popular, que llaman “llana” los flamencos, por su escasa ornamentación.

De hecho, la cuarta de Nuestro Padre Jesús Nazareno y la quinta de Marchena se presentan desnudas de melismas, salvo esa característica melodía ascendente de la cuarta, que le sirvió a Enrique Morente de inspiración para Compases y silencios, uno de los temas más sorprendentes de su último disco de estudio, Pablo de Málaga (2008), un tema grabado junto al batería Eric Jiménez.

De la quinta, el cantaor Pepe Marchena nos ofrece dos versiones deliciosas, con el nombre de “saeta sin melodía”, tanto en sus Memorias antológicas del cante flamenco (1963) como en la serie Rito y geografía del cante (1972). Hasta diez estilos autóctonos diferentes de saetas se conservan en Marchena.

Cinco de estos estilos nos retrotraen a los orígenes del género, pues recuerdan, por la simplicidad de su melodía, a esas “saetas litúrgicas” que entonaban los misioneros y predicadores, al menos desde 1674, año en el que encontramos la primera referencia literaria a la saeta. Se trata de la obra Instrucciones predicables y morales, no comunes, que deben saber los padres predicadores y confesores principiantes y en especial los misioneros apostólicos firmada en Málaga por José Gavarri.

Allí señala que el misionero en su labor “irá convocando a la gente, cantando unos terceros o saetas como las que nosotros usamos” y da algunos ejemplos de estos poemas cantados. Aunque, curiosamente, la primera saeta de pasión, es decir, la que se canta, no durante la labor misionera sino al paso de las cofradías durante la semana de pasión, está fechada en este mismo pueblo de Marchena en 1794 según desveló hace unos años el investigador Vicente Henares Paque.

La melodía más extendida de la saeta popular sirvió de base a la elaboración que los flamencos hicieron de la misma. En los catálogos de finales del siglo XIX la encontramos en los repertorios de diferentes artistas flamencos, alguno tan reputado como el mismísimo Antonio Chacón.

Y en las primeras grabaciones jondas ya tenemos hasta tres versiones que canta el Canario Chico, en torno a 1900. Una de ellas con acompañamiento de guitarra y las otras dos con corneta y tambor. Estas versiones suponen ya un cambio con respecto a la saeta estrictamente popular, al introducirse en ella la dicción jonda.

Un paso adelante es el que da en 1907 el cantaor sevillano Antonio Pozo El Mochuelo que se va a confirmar al año siguiente con el disco quizá más importante de la historia de la saeta. Se trata de una placa de doble cara titulada Semana Santa en Sevilla que va a tener, en una cara, a La Serrana. Y en la otra a Manuel Torre Niño de Jerez. Es el inicio de la llamada “saeta por seguiriyas”.

¿En qué consiste esta creación? Pues en introducir, sobre esa melodía “llana” tradicional, los ayeos característicos del cante por seguiriyas en el que estos dos jerezanos eran, como sabemos, unos maestros. Y así surge la saeta por seguiriyas configurada por cantaores jerezanos pero que ejercían su arte en Sevilla y, más en concreto, en la Semana Santa hispalense.

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