CANTES DE LABOREO DE TORREDOLCAMPO | CRÍTICA

 

Las tonás campesinas

La Universidad de Sevilla publica la obra definitiva sobre los cantes de laboreo, firmada por Antonio Alcántara

Los cantes de laboreo de Torredelcampo, que firma el torrecampeño Antonio Alcántara, puede ser el ensayo definitivo sobre el género flamenco conocido como tonás campesinas. Un estilo que existía como canto popular y que ingresó en el ámbito jondo de la mano de Bernardo el de los Lobitos que incluyó la trillera en la célebre Antología del cante flamenco (1954), que, aunque se publicó primero en Francia, se gestó y grabó en Madrid y fue uno de los proyectos estrella de la naciente Hispavox, que la editó en España en 1955, como demostró en su momento José Manuel Gamboa. Una década más tarde, aunque no vio la luz hasta 1968, Juanito Valderrama amplió la nómina de las tonás del campo a los cantos de siembra y siega que se incluían en su Historia del cante flamenco.

Tras ellos, las cantaron los hermanos Toronjo, con una melodía onubense, José Bedmar El Seco, Fernando el de la Morena, Enrique Morente, José Menese, el Perro de Paterna, el Niño Bonela, Fosforito, Julián Estrada, Enrique el Extremeño o José Valencia, entre otros. Incluido el cantaor extremeño El Perrete, cuyos cantes recoge el disco que viene con este libro. De todos estos pormenores, y de muchos más, da cuenta este ensayo que es, además, un tratado sobre los trabajos campesinos, y que continua la obra emprendida por Antonio y David Hurtado Torres en La voz de la tierra (2002). También se hace eco Alcántara de las referencias en el arte y la literatura a dichas labores campesinas, desde Homero a García Lorca, pasando por Horacio y Cervantes. En un capítulo aparte analiza el autor los elementos eróticos que incluyen estos cantes: ya saben los de pueblo la de cosas interesantes que se puede hacer en una era.

‘Los cantes de laboreo de Torredelcampo’.

 

La poesía y la canción popular, como revelan los ejemplos que recoge Alcántara, llama a las cosas por su nombre. También se acuerda Alcántara en este libro del papel de la mujer en las tareas del campo. El libro incluye una muy interesante discusión sobre lo que son los cantes de trabajo, entre los que no se deben incluir martinetes y cantes mineros, que son cantes inspirados en el trabajo, pero no de trabajo, y los que sí lo son, estos de los que tratamos aquí. Señala Alcántara que fueron Rafael Cáceres y Alberto del Campo los que demostraron que los martinetes nunca se cantaron en la fragua, aunque es un tópico desmentido en su momento por el mismo Antonio Mairena, fragüero y cantaor. La discusión deriva naturalmente hacia el concepto de folclore.

Un concepto sobre el que pensamos, como saben los lectores, que sería necesario desterrarlo, porque complica más que aclara las cosas. La música, como saben, es toda una y siempre, siempre, tiene un creador, individual o grupal. Como decía Carlos Cano, «cada vez que dicen patria, pienso en el pueblo y me pongo a temblar». Pues lo mismo me pasa a mí con la palabra pueblo. A no ser que me hablen de un pueblo en concreto, como hace esta obra: Torredelcampo.

 

 

Hay un capítulo dedicado a la proyección coreográfica de estos cantes en el que el autor analiza Ay, jondo de Mario Maya, Fuenteovejuna de Antonio Gades, La consagración de Estévez y Paños y Galvánicas de Israel Galván. En el disco que incluye esta obra se incluyen 20 cantes inéditos de Torredelcampo, que se suman a los que cantó Valderrama y a los que incluían los Hurtado en La voz de la tierra, y 11 cantes de otras comarcas.

 

La ficha

‘Los cantes de laboreo de Torredelcampo’. Antonio Alcántara Moral. Universidad de Sevilla, 329 pp.

 

Imagen: El intérprete torrecampeño Juan Valderrama amplió la nómina flamenca de los cantes del campo.